Me duelen los ojos

de tanto buscarte;

me duelen los brazos

que nunca te alcanzan,

y me duele el alma

que jamás te halla.

Me duele la carne

porque te deseo,

y hasta los sentidos

por no poseerte.

Me duele el cerebro

de pensar en ti

y mis torpes manos

que no te acarician.

Me hierve la sangre

como agua caliente,

y queman mis labios

por un beso tuyo.

Me mata la vida

cotidianamente,

porque fue el destino

quien torció el camino,

y no te encontré.

Me hierve la sangre

como agua caliente,

y queman mis labios

por un beso tuyo.

Me mata la vida

cotidianamente,

porque fue el destino

quien torció el camino,

y no te encontré.

Me duelen mis noches

con dolor de muerte,

porque ni en mis sueños

¡Pude conocerte!