17 Feb 08

El club del suicidio

por José Sarmiento 16 Comentarios Categorías: Outsiders 

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Sion Sono - Jisatsu saakaru (El Club del Suicidio, 2002)

En "Cigarette Burns", uno de los capítulos que dirigió John Carpenter para la serie "Masters of Horror", se cuenta que en un festival de cine fantástico los espectadores, al ver el filme "Le Fin Absolue du Monde", reaccionaron irracionalmente, de una forma insana y homicida, generando un baño de sangre que hizo de aquella película un título maldito. Si bien esos sucesos sólo ocurren en la ficción creada por el director de "Halloween" y "La Cosa", hace unos años se hizo en Japón un largometraje que en la vida real sí desencadenó una serie de hechos que dieron lugar a la muerte de varias personas: "El Club del Suicidio".

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La opera prima del director japonés Shion Sono se suma a la lista negra de esas obras, como "Werther" de Goethe o "Ibis" de Vargas Vila, que en su momento provocaron escándalo por haber incitado al suicidio a muchos. Se afirma que el filme habría sido lo último que vieron los jóvenes implicados en 70 suicidios colectivos en el país oriental desde hace algunos años. Pero si en piezas literarias como las ya referidas se apela a componentes románticos o misóginos, en "El club del suicidio" el hecho de quitarse la vida es una actitud pop, una moda juvenil, una fiebre desatada subliminalmente por un medio de comunicación.

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Siguiendo el esquema de thriller psicológico impuesto por "La cura" de Kiyoshi Kurosawa, la película nos presenta a un detective (Ryo Ishibashi) que investiga una enigmática, casi inexplicable, ola de suicidios, que apenas tienen en común una tira de pedazos de piel cosida, extraídas de los menores de edad antes de que se inmolen, que siempre aparece al interior de un maletín blanco en la escena de cada tragedia. Más allá de sus efectos nocivos en la sociedad nipona o de sus deudas con el filme de Kiyoshi Kurosawa, "El club del suicidio" es una muestra emblemática del poder sugestivo y perturbador que puede desplegar el cine japonés de los últimos años.

La fuerza siniestra de la cinta de Shion Sono reside en su subversiva resemantización de las cándidas figuras de la pubescencia y la niñez. Lo que inquieta en "El club del suicidio" son las imágenes de esos chicos uniformados experimentando lúdicamente con la muerte; las presentaciones televisivas de un grupo onda "Parchis" que a través de un lenguaje críptico transmite la idea del suicidio; la funesta voz de un infante con la garganta irritada, que anuncia los actos suicidas a la policía; o el teatro ocupado por niños que espectan a una adolescente en el escenario mientras le hacen oscuras preguntas existencialistas. Los seres de edad escolar se convierten en los canales que recorre ese clima de maldad y enajenación que exuda el filme. En la historia del cine, sobre todo de ciencia-ficción y terror, diversas películas han usado a personajes infantiles como representación del mal: "Village of the damned" (1960) de Wolf Rilla, "Alicia, dulce Alicia" (1976) de Alfred Sole, "Los chicos del maíz" (1984) de Fritz Kiersch, entre muchísimas otras.

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No obstante, es el componente tecnológico, que tanto atrae pero a la vez tanto se teme en el mundo contemporáneo, el que acompaña en este filme esa niñez desquiciada. La cinta muestra a la televisión y el celular como las vías a través de las cuales los infantes se ven tentados a dejarse abrazar por la muerte. La tecnología en el cine fantástico japonés contemporáneo, revelando una clara inspiración en filmes de David Cronenberg como "Scanners" o "Videodrome", es el agente de de lo perverso o lo espeluznante, por medio de cintas como "Tetsuo: The Iron Man" o "El Aro". Lo mismo ocurre en "El Club del Suicidio", pero la película se distingue por crear alrededor de ello un angustiante halo de misterio que perturba aún más a medida que se desvanece.

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Lo que también sorprende en la cinta es cómo nos va sumergiendo en una atmósfera entre delirante y surrealista, a medida que la ola de suicidios parece inmanejable y la cinta nos conduce casi al azar a desentrañar parte del misterio de los suicidios, a través de secuencias antológicamente bizarras: aquella en que el gurú de un secta de reminiscencias glam entona una melodía macabra mientras tortura a una jóvenes, y esa en que un hombre enmascarado utiliza una máquina para extraer trozos de piel de unos niños puestos contra la pared, una escena que parece extraída de algún pasaje ritualístico de "La montaña sagrada" de Jodorowsky. Son pocas las películas que logran hacer del cine un fenómeno que invade y trastoca nuestra psique. Una de esas es "El club del suicidio".